Nela, la perrita, esta noche, no ha querido pernoctar en el primer piso, en el sofá que le tengo preparado para que ella esté a sus anchas, a lado mismo de la puerta de mi dormitorio. Ha preferido hacerlo en la sala de estar, abajo - aún sigue allí cuando esto escribo, yo aquí arriba en la biblioteca -, en su cesto canino, bajo la redondez de la mesa camilla. Así que he dormido solo, como cada noche tras el fallecimiento de mi esposa Elena. Nela no cumple con mis expectativas, no me da la compañía que necesito, y por ello la estabilidad emocional se resiente. Se limita a comer, a beber y a dormitar, no viene a mí a lamerme las manos, como lo hacía Luna, la perrita que tuve antes que ésta, ni está a gusto cuando la tomo entre mis brazos y la acaricio: se le ve la tensión en las patas contraídas y en la mirada que tiene una expresión de terror contenido, como si temiera que la fuera a dejar caer, o algo así. Tendré que hacer algo al respecto, que tener por tener, pues no; así que en algunos días la devolveré a la perrera de la que viene, a ver si le encuentran una familia que la comprenda. Y cambiando de tercio, encontrar una persona que te quiera por lo que eres, por lo que sientes, no por lo que tienes o dejas de tener, no es cosa fácil. Depende más del azar que de tus búsquedas y elecciones. Y luego, cuando encuentras a alguien con quien compartir las horas de tus días, están las irritantes comparaciones, esa inconsciente comparación entre lo que quieres, que es lo que fue, y lo que es. Esto de ser viejo y estar en manos de Doña Soledad y Don Silencio no es nada aconsejable, desde luego.
Nela, la perrita, esta noche, no ha querido pernoctar en el primer piso, en el sofá que le tengo preparado para que ella esté a sus anchas, a lado mismo de la puerta de mi dormitorio. Ha preferido hacerlo en la sala de estar, abajo - aún sigue allí cuando esto escribo, yo aquí arriba en la biblioteca -, en su cesto canino, bajo la redondez de la mesa camilla. Así que he dormido solo, como cada noche tras el fallecimiento de mi esposa Elena. Nela no cumple con mis expectativas, no me da la compañía que necesito, y por ello la estabilidad emocional se resiente. Se limita a comer, a beber y a dormitar, no viene a mí a lamerme las manos, como lo hacía Luna, la perrita que tuve antes que ésta, ni está a gusto cuando la tomo entre mis brazos y la acaricio: se le ve la tensión en las patas contraídas y en la mirada que tiene una expresión de terror contenido, como si temiera que la fuera a dejar caer, o algo así. Tendré que hacer algo al respecto, que tener por tener, pues no; así que en algunos días la devolveré a la perrera de la que viene, a ver si le encuentran una familia que la comprenda. Y cambiando de tercio, encontrar una persona que te quiera por lo que eres, por lo que sientes, no por lo que tienes o dejas de tener, no es cosa fácil. Depende más del azar que de tus búsquedas y elecciones. Y luego, cuando encuentras a alguien con quien compartir las horas de tus días, están las irritantes comparaciones, esa inconsciente comparación entre lo que quieres, que es lo que fue, y lo que es. Esto de ser viejo y estar en manos de Doña Soledad y Don Silencio no es nada aconsejable, desde luego.
