Estoy de nuevo ahora aquí,
en la materia muerta
de este teatro de la vida.
Se alzan las velas de la decepción:
y es la hora del desorden,
y no arde ningún faro en esta negritud,
y el mar de los lamentos lame
los muelles del alma,
como si fuera la hora final.


Estoy de nuevo aquí:
consumo la oblea sin consagrar
que la ausencia de tus manos hechiceras trae,
bebo del nauseabundo licor de tristeza
que en su día derribaste
y que vuelve ahora,
después del naufragio,
envalentonado,
con los testículos al aire
y el badajo bajo un tul que deja
pasar todo el olor seminal,
como si fuera la hora última.


Estoy nuevamente aquí,
sobre la arena del conquistador perdido,
agarrado no ceñido al dolor,
sobre el mal que desenterró la desolación,
más allá del recuerdo y el jadeo de tu cuerpo.
Desde el mar,
que anuda las aguas de nuestro río,
viene el obstinado lamento
que abandonamos en los malecones del alba,
como si fuera la hora final.