Este es el día en el que yo ya no estoy, que el amor no correspondido, ni atendido, ni apreciado pronto se marchita, el día en el que los minutos y las horas de tu vida tienen un halo de ausencia en cada esquina del tiempo, el día en que mis labios se agrietaron de tristeza y nostalgia y angustia, y no pronunciaron ninguna palabra más, el día en que nada ni nadie te podrá dar noticia ni grande ni chica de mí. En este día recuerda que te amé apasionadamente, más allá de la razón, más allá de toda lógica, con un amor de fuego e hielo que quemaba la consciencia, un amor que nadie podía doblegar, y que te hice mi prioridad ante todas las otras prioridades: eras lo primero ante todo lo demás. Quiero creer que tuve otras opciones, que todavía las tengo; pero entre todas esas opciones te elegí a ti, incluso cuando tú nada de nada y me mirabas desde la indiferencia de tu cómoda casa de familia cerrada. Llegará el día en que te quedes sola, con el techo de estas paredes de amor que yo levanté para ti derrumbado. Pero, no te preocupes, ese día la sombra de mi sombra vendrá a recordarte que estas estancias son sangre de mi sangre, esencia y presencia de todo cuanto soy, y que yo horadé con mis manos de enamorado en lo profundo de la tierra hasta que el agua salada llenó el hueco de tu piscina. Espero que la eternidad de mi ausencia que se abre de aquí en adelante te de la paz que mi amor no alcanzó a transmitirte.
