He programado la alarma del reloj del teléfono para que me despertara con música de Supertramp a las siete y cuarenta y cinco, para dar cumplimiento con el prometido paseíto matutino de mi perro; pero a las siete se me han abierto los ojos y ya no he podido volver al mundo de los sueños. Clareaba en dirección al camino de Albarreal de Tajo. He descendido con mi perrita Neli por la calle Nohalos hasta la Plaza de España, luego por la Calle Toledo hasta enfilar la Calle del Calvario. En ese trayecto, antes de llegar al Disco Pub m&a, que estaba abierto y no eran todavía las ocho de la mañana, me he topado con dos coches patrulla de la Guardia Civil, yendo y viniendo, de acá para allá, como si hubiera algo extraordinario que les retuviera, o como cerrando un cerco de vigilancia y contención para con la delincuencia. Luego he tomado el camino que sale a la derecha de la Casa de la Cultura: Garabatos arriba. El sol se alzaba desde la misma raya del horizonte con medio cuerpo ya en este lado del mundo. La luz iba despidiéndose del rosa y los detalles de la tierra se veían con toda nitidez. Neli ha levantado una liebre de la cuneta diestra según subes, según sales del pueblo. Yo la he visto escapar. No así la perra que se ha quedado un rato entre lo matorrales insistiendo el rastro de lo que ya no está. De vuelta, la grúa se llevaba un viejo Seat León con varios puntos de chapa expuesta a la intemperie. Por Marga, la chica que nos hace la limpieza en casa, hemos sabido que desde las cinco de la mañana han estado los de narcóticos desmantelando la huerta de amapolas de los gitanos.
