La nueva vida comienza con un viaje a la consulta de oftalmología en el hospital de Ceres que tiene ella: yo, después de todo, haciendo de taxista, como si fuera posible volver a lo que nunca fue. Todo ha sido cien por cien decepcionante, con los pedazos del corazón roto que sigo siendo aquí y allá, dentro del habitáculo del coche. No voy a detallar aquí las razones de esta otra desilusión más, no porque la intrahistoria, ese recoveco de la mente que renuncia a ser lo que es en cuanto se hace público, no lo permite. Solo añadiré que todo sigue igual: “aguas sin cauce, ríos sin mar, penas y glorias, guerras y paz”, que escribía Julito a sus veinticuatro años, cuando apuntaba maneras de compositor, y nadie con olfato de manager de artistas le había oído cantar. Así que puede ocurrir que tenga que poner tierra de por medio, que es lo que he estado barajando en esta zona de inestabilidades: ya se sabe, ojos que no ven, corazón que no siente. Y es que no estaría mal volver a Infiesto, como cuando uno tenía poco más de los veinte y la sangre le burbujeaba de deseo, subir a Santianes e investigar qué fue de Marichu, la morena pecosa con un ojo extraviado, la aldeana que prefirió pájaro en mano a ciento volando, mejor garrulo minero de aquí al lado que fino estudiante universitario con mucha no, con demasiada imaginación y muy pocos duros en el bolsillo: bueno bolsillos vacíos para ser exactos. Y es que, a excepción de mi esposa, no he tenido suerte con las mujeres, todas me han puesto de patitas en la calle a las primera de cambio: Paloma, la madrileña de los veranos de la guitarra y la canción protesta, la primera, La Manquita, la que vivía en la aldea que luego fuera engullida por la escombrera, la segunda, etc. Y es que me paso la vida así, de salto en salto, de decepción en decepción. Siento que la culpa es toda mía, que mi forma de ser me traiciona, que soy todo corazón y nada cabeza. Vamos un desastre. Por eso escribo, claro, como desahogo, no como los profesionales de la literatura que escriben por dinero. Yo soy del todo verdad, no miento nunca.